miércoles, enero 21, 2009

Substituyendo nuestros pobres por gente más dóciles

Digamos que la República Dominicana, en vez de ocupar la porción este de la isla de la Hispaniola la ocupara completa y no la compartiera con la república de Haití. Supongamos por un momento que la isla de la Hispaniola no esta en el medio de caribe a un poco más de 100 kilómetros al oeste de Puerto Rico, sino a mil kilómetros al este, rodeada por las aguas del océano Atlántico.

Por último, digamos que todo lo demás se queda igual. La misma República Dominicana de hoy en día, con el mismo nivel de desarrollo económico y social y con la misma cantidad de personas (o podríamos sumarle dos o tres millones más para hacer las cosas un poco más interesante, ya que sin Haití tendríamos el espacio). Pienso que en una República Dominicana así no tendríamos la misma clase política que tenemos ahora, con su corrupción y las leyes aplicadas a su conveniencia.

Esto es así por que nuestros gobernantes, a diferencia de ahora no contarían con la válvula de escape que representan aquellos Dominicanos con el espíritu aventurero para irse a vivir ilegalmente a Puerto Rico. Una cosa es cruzar el canal de la mona, un viaje de por si peligroso, y otra es cruzar cientos de kilómetros de mar abierto.

No existiría la situación creada por "empresarios" sin escrúpulos que explotan la mano de obra de los inmigrantes ilegales de Haití y no les quedaría otra que emplear a Dominicanos, pagándole al menos el mínimo y todas las prestaciones que manda la ley. Los pobres de nuestro país, aquellos que la desesperación los obliga a emigrar de cualquier forma, tendrían al menos la oportunidad de ganarse un salario que les permitiera vivir y soñar con un mejor futuro.

A estos trabajadores ese mismo deseo de progresar los puede llevar a salir adelante, a superarse, a ir de albañil a maestro constructor, de peón a pequeño agricultor, de conductor de motoconcho a conductor de autobús. Como mínimo, nuestra clase política tendría que ser más creativa y más cuidadosa con sus jugarretas por que el mismo que hoy en día se monta en una yola para irse, al no tener esa opción se lanza más fácilmente a la calle a exigir sus derechos.

Pero nuestra realidad es otra. Estamos en el caribe, a un poco más de 100 kilómetros al oeste de la "tierra prometida", donde las calles están pavimentadas en oro (no es así, yo viví allá, pero no quiero quitarle la ilusión a nadie). La realidad es que compartimos la isla de la Hispaniola con un país habitado por gente más desesperada que la nuestra, a los que el salario de miseria, el no contar con seguro social y otros beneficios que manda la ley les importa poco.

La desesperación los hace más manejables, más dóciles. Por eso los prefieren en el campo y en los proyectos de construcción. El pasado día 11 el periódico Hoy publicó las declaraciones del ingeniero Arturo Pichardo, presidente del CODIA de que el 85% de los puestos de trabajos en la industria de la construcción son ocupados por inmigrantes haitianos.

Ignoro a cuantos puestos de trabajo se refería el ingeniero Pichardo y es sospechoso que no se publicara en este reportaje. Es decir, para poder determinar un porcentaje de algo debes saber el total ¿no? ¿Estaría alguien preocupado de lo que pudiera suceder si se supiera cuantos puestos de trabajo genera la industria de la construcción? Con nuestra elevada taza de desempleo y su impacto desproporcionado entre los sectores más pobres y vulnerables de nuestra población no me sorprendería que alguien intencionalmente se estuviera guardando esa información.

De nuevo, la realidad es otra. La República Dominicana no esta en el medio del Atlántico, estamos al oeste de Puerto Rico. Aquellos Dominicanos que pudieran protestar ante esta situación posiblemente no están prestando atención y se concentran en llegar ilegalmente a Puerto Rico y ganarse cincuenta dólares por día. Esto pudiera ser preferible a estar mendingando puestos de trabajo en proyectos de construcción en nuestro país.

Y es que es tan fácil montarse en una yola. Nuestras costas no estan bien vigiladas. Clave Digital en su edición de hoy publico un reportaje sobre los viajes ileganes en yola, donde el procurador adjunto Frank Soto, hablando de la Marina de Guerra, nos dice lo siguiente:


El funcionario considera necesario reforzar a la Marina de Guerra que “está prácticamente desarmada, en términos de herramientas para investigar, y de sus pocos recursos para evitar que se den los viajes en yolas”.

“Los puestos de la Marina de Guerra del interior del país no tienen ni vehículos, no tienen comunicación… En Nagua, por ejemplo, los marinos van a pie a la costa y vuelven a su destacamento al otro día”, dice. “Las costas dominicanas están muy vulnerables y por eso van a seguir los viajes en yolas ”, vaticina.


Por lo tanto, aquellos Dominicanos que no se sientan de brazos cruzados a esperar que caiga maná del cielo tienen esa vía de escape. Solo hay que conseguir el dinerito para el viaje, vendiendo el motor, el colmado, hipotecando la casa, el conuco o cualquier cosa de valor. Se van, o mejor dicho, los empujan a irse. Y así se completa el plan maestro de reemplazar a nuestros pobres por gente más dóciles.

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