lunes, enero 09, 2006

¿Cuál te gusta más, Puerto Rico o República Dominicana?

Esta es probablemente una de las preguntas más difíciles que le puedan hacer a una persona, especialmente a alguien que vive en otro país que no sea el que le vio nacer. Yo soy dominicano y vivo en Puerto Rico desde el verano de 1985.

Aquellos que me conocen (o que al menos se leyeron mi perfil) ya habrán sacado números y verán que más de la mitad de mi vida la he pasado en Puerto Rico. Así que la respuesta no debe ser tan difícil, ¿no? Pues si lo es, por que la pregunta en realidad parte de la premisa que tu puedes decidir racionalmente a querer a un país por encima de otro. Entiendo que esto no es cierto. Es como si te preguntaran a quien quieres más, a tu papá o a tu mamá, o que te pidieran que escogieras entre dos de tus hermanos a cual quieres más.

Y es que los países son como las personas, tienen sus cosas buenas y sus cosas no tan buenas, y al igual que las personas debes tomar lo bueno con lo no tan bueno. Si no te gusta, tienes dos opciones: o los dejas o ayudas para que las cosas no tan buenas mejoren. (Si se fijan, uso “no tan buenas” en ves de “malas”… no quiero parecer que estoy emitiendo un juicio sobre temas complejos).

Quiero mucho a mi país, la Republica Dominicana y me da pena con muchas cosas que ocurren allá, especialmente la corrupción, el tigueraje y la falta de valores en los grupos de poder. Quiero mucho a Puerto Rico, pero también me dan pena todos los líos relacionados con el status político de la isla, que no es más que una excusa para evitar resolver problemas más apremiantes y que requieren atención. Los puertorriqueños son gente de mucha paciencia y resiliencia para aguantar tanta vaina.

A mi país le debo los valores que me forjaron y me convirtieron en un ciudadano productivo y una persona más o menos decente. A Puerto Rico le debo una educación universitaria de primera, buenos trabajos y un grupo de amigos que son casi como hermanos, que me aprecian y me tratan como si fuera uno de ellos.

Lo demás, son solo cosas que cuando lo pones en la balanza son cosas sin importancia, y que solo son importante para aquellos que viven su vida sin hacer el mínimo esfuerzo por aportar algo positivo a nuestras sociedades.


Ulises Jorge
San Juan, PR

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